“La tengo… no la tengo…la tengo…no la tengo…era el cantito que nos tocó oír y cantar cuando con nuestros amigos del barrio, tratábamos de conseguir las que nos faltaban o con la que llenábamos el álbum, la difícil. Cuando todo eso era historia para contar a nuestros chicos, apareció el juego en Mercedes. Hoy les recuerdo algo de todo aquello”.
En la cabeza de un creativo como Fernando “Frucha” Luna, fue que apareció la idea de reflotar lo que para nuestro tiempo, era lo habitual. Darle la forma no era tan fácil y arrancar de “0” mucho menos, pero alguien andaba dando vueltas con las propuestas y acertó a dar con la persona indicada, frase cómica de los viejos tiempos, y el tema llenó las mesas de trabajo. El álbum de figuritas de la ciudad ya tenía nombre y saludo de tapa “Hola cierre” y “Hola Mercedes”.
Claro, del dicho al hecho hay mucho trecho y eso lo sabía Fernando y su entorno de afectos de los que ha estado siempre nutrido. La matriz del proyecto estaba ya plasmada en otros circuitos fuera del nuestro, pero la preocupación marchaba de la mano del contenido, la aceptación de parte del comercio y la industria y las expectativas que se crearían, dado que atravesábamos en el país los coletazos del llamado “efecto tequila”. No era el mejor escenario pero había ganas, visión muy prometedora, gran entusiasmo y con eso bastaba para arrancar.
Agonizaba el mes de agosto de ese 1996, cuando recibí el llamado de mi amigo que telefónicamente me adelantó algo de lo pensado y la reunión concretada para ese día. Era un propuesta muy ambiciosa y “Frucha” me ofreció tomar la parte publicitaria, pero casi sin tiempo, porque la idea era salir con todo, álbum y figuritas a fin de año. Eran pocos días para trabajar ya que fuera del contenido de la colección que pasaba por el diseño, la impresión y luego la logística, estaba la comercialización, todo eso a finalizarse en Bahía Blanca, asiento de Sapienza Impresiones.
Con el material reunido por “Frucha” y el trabajo mancomunado de Matías Mendiola, Gabriela Florella, Ángel Rutigliano, Pedro Burgos y Alejandro Vázquez, viajé a entregar todo a la gente de la gráfica, que dicho sea de paso me deslumbró por su tecnología. Cuento que en ese viaje intenté visitar a Edgardo, mi hermano enfermo y su familia en Bahía, enterándome recién allá, de que estaba internado en el Hospital Naval de Buenos Aires por haberse agravado su estado de salud. De regreso pude verlo y falleció a fines de septiembre. Mi hijo Ezequiel, que era su ahijado estaba de viaje en EE.UU y México, no pudo despedirlo. El vuelo desde el aeroparque se hizo en un avión de la Armada Nacional y el piloto había sido instruido por él. Pude acariciar los comandos del avión que antes había pilotado Edgardo.
Volviendo al tema es que lo cierto fue que en tiempo y forma llegamos por fin al objetivo planeado y mientras se ensobraban figuritas en CAIDIM, por parte de docentes, chiquillos y colaboradores, los kioscos de la ciudad reclamaban las entregas a cargo de los Palermo, Sergio y Julio, duchos y con gran experiencia en el tema.
Aunque llevo en mi memoria claramente instalados muchos de aquellos momentos, no recuerdo en detalle la cantidad de unidades que llegamos a ensobrar, más allá de que no había “figuritas difíciles” y más temprano que tarde, los álbumes se completaban y los chicos participaron de gran cantidad de sorteos y ganando importantes premios. Hubo sorpresas en los sobres con golosinas, juguetes, vales por variadas cosas y etc.
Llenar el álbum era todo un desafío y los chicos se encontraban en las esquinas del centro y los barrios, para el clásico intercambio de figuras. Además, quienes tienen la suerte de conservar uno completo como es mi caso, pueden recorrer con sus hijos o nietos cada una de las fotos que lo integran, tanto de personas, edificios públicos, iglesias, equipos de fútbol, figuras del deporte, pilotos y sus máquinas, emisoras… Parte de nuestra historia estuvo reflejada en ese juego de chicos.
Todo un acontecimiento que como reza la tapa, se trató de lo que sería la primera edición y en ella quedó porque no hubo posibilidades de repetir una segunda entrega como era el propósito.
He elegido algunas de las figuritas para exhibir en esta nota de nostalgia, esperando que en este tiempo de cuarentena, puedan algunos papás dar información a sus hijos o nietos, para que sepan que alguna vez, hubo un “HOLA MERCEDES” el álbum de figuritas de la ciudad.
El gran hacedor como dije, Fernando “Frucha” Luna, una vez más.
¡La difícil…!

Como dije antes, no hubo en la edición mercedina la figurita “difícil”, típica en las colecciones de antaño. Era el método para entregar menos premios que muchas veces era una pelota de fútbol Nº 5 y que nosotros comprásemos paquetes que contenían siempre las “malditas repetidas”.
Recuerdo que a mis 10 años, para llenar mi álbum me faltaba la de un personaje de las revistas de historietas llamado “AVIVATO” y tras mucho sufrimiento pude obtenerla en el almacén de “Lito” Julián, en la esquina de calle 9 y 12 en mi barrio. Fui con mamá y ella ya no quería comprar más porque siempre era lo mismo…repetida…repetida…la tengo…la tengo… De pronto aquella vez, el almacenero la convenció a mi madre diciendo algo así –Antonia, cómprele un par y a lo mejor tiene suerte –. Dicho y hecho, “Avivato”, el pícaro de las historietas apareció en uno aquellos sobres ese día y me pareció que hasta me sonreía.
Desbordando alegría y con “la difícil” aprisionada en mi mano cual un tesoro, quise retirar la pelota en ese mismo momento pero “Lito” me dijo que tenía que presentarle el álbum completo para revisarlo y que se lo llevase al día siguiente. Esa noche fue interminable y no pude pegar un ojo. A la mañana muy temprano, fui con mi álbum completo y tuve que esperar a que “Lito” revisara con la lentitud que hoy entiendo como una patraña, una a una las páginas hasta que al terminar me felicitó con palabras que no terminaban nunca y que ni siquiera oí. Por fin me dio la pelota y abrazándola corrí con ella a despertar a un amigo de barrio y contarle que había podido llenar el álbum al sacarme a AVIVATO.
Ojalá amigos lectores, puedan relatarles algo parecido a sus hijos y nietos. Para mí fue hermoso describirles mis irrepetibles vivencias.






