El momentáneo cambio que debí asumir para poder mantener el ida y vuelta semanal con ustedes, resultó muy bien recibido por ustedes, mis lectores. La llave es de Daniel Colombo y en sus “Historias que…” he encontrado el camino y les sugiero que compartan con sus familias el contenido de ellas.
Urgencia
“Urgente” es una palabra con la que convivimos cotidianamente.
En nuestra actividad diaria, la palabra “URGENTE” es ya un ritmo de vida, una forma de existir y transcurrir. Esto hace que se haya perdido todo significado de prioridad. Todo es urgente…pero, ¿ es importante.?.
Urgente…es hacer un alto en nuestra agitada vida y preguntarnos: ¿Qué significado tiene todo esto que hago..?.
Urgente…es que, cuando caminemos por la calle, levantemos la vista, miremos alrededor, observemos el cielo, los árboles, los pájaros… y a la gente, que quienquiera que sea que pase a nuestro lado.
Urgente… es que seamos más humanos, más solidarios, más hermanos.
Urgente…es valorar y atender el tiempo que nos reclaman nuestros niños, nuestros adolescentes, nuestros ancianos.
Urgente…es levantarnos temprano y ver salir el sol, disfrutar felices de un amanecer.
Urgente… es tomarnos un instante en el trabajo, respirar profundo y sentir cómo entra el aire y nos llena los pulmones. ¡Estamos vivos..!.
Urgente…es decirle a nuestra familia y a nuestros amigos cuánto los amamos.
Urgente…es que se nos vaya el tiempo en un soplo y que un día nos demos cuanta de que lo que hicimos en nuestra vida fue ser empresarios, profesionales, gente muy ocupada que sólo vivió para su trabajo. Que nos llenó una agenda de urgencias y citas, pero que pospuso sus sueños.
Tomemos el aquí y el ahora como una oportunidad para vivir como deseamos. Esto sí que es URGENTE.
Fe
Cuentan que un alpinista, desesperado por conquistar una última montaña, inició su travesía después de años de arduo entrenamiento. Buscaba la gloria para sí mismo, por lo que decidió subir sin compañeros.
Empezó a ascender. Pero se fue haciendo cada vez más tarde, y como se había preparado para acampar, siguió escalando hasta que oscureció.
La noche cayó con gran pesadez sobre la montaña. Ya no podía ver absolutamente nada: las nubes habían cubierto por completo la luna y las estrellas.
Cuando estaba subiendo por un acantilado –a pocos metros de la cima- se resbaló, cayendo vertiginosamente al vacío.
El alpinista sólo podía ver veloces manchas oscuras, con el espeluznante temor a ser succionado por la gravedad y morir.
En esos momentos de extrema angustia, pasaron por su mente todos los episodios gratos e ingratos de su vida. De repente, sintió un fortísimo tirón de la larga soga que lo amarraba de la cintura a las estacas clavadas en la roca.
Y, suspendido en el aire gritó;
-¡Ayúdame Dios mío..!
Entonces una voz grave y profunda le respondió:
-¿Qué quieres que haga..?
-¡Sálvame Dios mío..!
-Realmente crees que yo te puedo salva..?
-Por supuesto. Señor .!
-Entonces corta la cuerda que te sostiene.
Hubo un momento de silencio…pero luego el hombre se aferró aún más a la cuerda que lo sostenía.
Cuenta el equipo de rescate que, al día siguiente, encontraron a un alpinista colgado, muerto congelado, aferrado fuertemente a la cuerda con sus manos…a tan solo dos metros del suelo.
Enemigos
Hubo una vez un día terrible en el mundo en el que el Odio, rey de todas las maldades, convocó para una reunión urgente a los peores sentimientos y a los deseos más perversos del corazón humano.
Todos concurrieron ávidos para saber cuál era el motivo de la convocatoria. Entonces el Odio les habló:
-Los mandé a llamar porque deseo con todas mis fuerzas matar a alguien.
Los asistentes no se extrañaron mucho, pues era el Odio quien estaba hablando y siempre quería cometer algún crimen. Sin embargo, se preguntaban quién sería tan difícil de aniquilar para que los necesitara a todos juntos.
-Quiero que maten al Amor –reveló.
Muchos sonrieron malévolamente, porque más de uno deseaba hacerlo. El primer voluntario en ofrecerse fue el Mal Carácter.
-Yo iré, y les aseguro que, en un año, el Amor habrá muerto. Sembraré tanta discordia, tanta ira, que no lo soportará.
Al cabo de un año, se reunieron otra vez y, al escuchar al Mal Carácter, quedaron decepcionados.
-Lo siento, lo intenté todo, pero cada vez que yo provocaba discordia, el Amor la superaba y salía adelante – confesó.
Fue entonces cuando, muy diligente, se ofreció la Ambición, que haciendo alarde de su poder, prometió:
-Desviaré la atención del Amor hacia el deseo por la riqueza y el poder. No podrá resistir eso.
La Ambición atacó a su víctima, quien en principio, cayó herida. Pero luego, logró renunciar al deseo desbordado de poder, y nuevamente triunfó.
Furioso por el fracaso de la Ambición, el Odio envió a Celos, quienes burlones y perversos, inventaron toda clase de artimañas y situaciones para confundirlo mediante dudas y sospechas infundadas. Pero el Amor demostró una vez más toda su valentía y los venció.
Año tras año el Odio persistió en la lucha, enviando a sus más hirientes compañeros. La Frialdad, el Egoísmo, la Indiferencia, la Pobreza, la Enfermedad y a muchos otros que fracasaron, porque cuando el Amor se sentía desfallecr, tomaba fuerzas y todo lo superaba.
Convencido de que el Amor era invencible, el Odio, resignado, les dijo a todos que era imposible derrocar al Amor.
De pronto, de un rincón del salón, se levantó un individuo poco conocido, que vestía completamente de negro y llevaba un sombrero gigante que le ocultaba el rostro. Su aspecto era funesto, como la muerte.
-Yo mataré al Amor –afirmó, categórico.
Todos se preguntaron quién era aquel que prometía ejecutar a lo que ninguno había podido hacer. -Entonces –le dijo el Odio –ve y hazlo.
Lugo de cierto tiempo, el Odio volvió a convocarlos a todos para comunicarles que, afortunadamente, que el Amor había sido vencido.
-Aquí les entre al Amor. Está muerto y destrozado. Y sin decir más, la figura del sombrero negro se dio vuelta para marcharse.
-Espera – le preguntó el Odio-. ¿Quién eres..?
Por primera vez mostró su rostro y respondió:
-Soy la Rutina.






