Las jugadas de las coincidencias y tragedias de la vida, son siempre más que llamativas. El día dedicado a los Bomberos Voluntarios, finaliza con la muerte de efectivos de la actividad en CABA. Nosotros tenemos a quién recordar, alguien al que no muchos recuerdan o saben de él.
Cuando aún resuenan fuertemente en los medios los comentarios tras los sucesos del miércoles pasado, creí oportuno compartir con mis lectores y las generaciones más jóvenes, qué ocurría hace casi 50 años, con uno de los héroes que sumó la historia de nuestra ciudad: Juan Roque Russo.
Para comenzar quisiera que todos sepan quién ha sido el protagonista de la historia de hoy, Juan Roque Russo, al que todos conocieron y trataron por Roque, era oficial de Bomberos de la Policía Federal Argentina que había ascendido a la jerarquía de Oficial Inspector apenas 15 días antes de aquel fatídico 14 de enero de 1972, cuando tenía 28 años.
Había elegido la carrera después de haber integrado el numerario local del cuerpo de Bomberos Voluntarios de Mercedes.
Dicho esto y en breve reseña, quiero relatarles lo que ocurrió aquel día. Roque había iniciado su jornada, al mediodía en el Cuartel Central del Departamento de Policía en la Brigada de Explosivos que para entonces databa de poco tiempo de funcionamiento y era precario su accionar, si advertimos los elementos con los que se cuenta hoy. En respuesta a una emergencia generada en calle Gelly Obes al 2200, el mercedino a quien apoyaban otros uniformados, llegó al lugar e impuesto de las novedades ascendió al primer piso del edificio, domicilio del ya entonces ex ministro del gobierno militar anterior del General Marcelo Levignston. El objeto, desactivar un aparato, aparentemente un explosivo, instalado en el piso del Dr. Jaime Peirraux, pero casi al momento de llegar a él, el artefacto explotó terminando con su vida y la de dos policías de Seguridad y uno de Bomberos, éste al día siguiente.

La triste noticia trascendió rápidamente en nuestro medio y las muestras de dolor se manifestaron abiertamente, mientras los periódicos de tirada nacional, llenaban sus páginas de notas y fotos del luctuoso hecho.
Ahora les cuento que ese día 14 de enero, me encontré con Roque Russo en la estación del Sarmiento y ambos abordamos el tren con destino a la ciudad de Buenos Aires. Hacía 15 días que ambos habíamos ascendido a la misma jerarquía, viajando él a su destino y yo al mío, que era en la Comisaría 44ª del barrio porteño de Liniers. Al llegar a Haedo, él estaba dormido y con la cabeza apoyada en el cristal de la ventanilla. Yo bajé y le golpeé el vidrio, se despertó y luego de mandarme al diablo con un gesto común, pintó su cara con su amplia sonrisa. Mi jornada terminó y a media tarde estaba de regreso en Mercedes. A la noche, estando con mis viejos viendo televisión, los titulares dieron cuenta de lo ocurrido y sus consecuencias. Yo no lo podía creer.
Salí de casa y fui al histórico bar de 22 y 29, para comentar lo ocurrido y compartir las malas nuevas con amigos y conocidos. Un imbécil, de los que nunca faltan dijo haciendo alusión a Roque – también, ese boludo, mirá si con la guita que tiene el viejo se va a poner a desarmar bombas -. Reaccioné violentamente y de no ser por la intervención de varios, la cosa pudo haber terminado más que mal. Ese “cachivache” calló y abucheado por los presentes, se fue del lugar.
Por muchísimos años sus compañeros de la Promoción 59a de la Escuela de Cadetes “Coronel Ramón Lorenzo Falcón” vinieron a Mercedes para rendirle homenaje a Roque, como le decían.
Al cumplirse el treinta aniversario de su deceso, el intendente municipal Dr. Julio César Gioscio autorizó el emplazamiento de un monolito en su honor, que presentó varias placas procedentes de sus camaradas, otra del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Mercedes, la Brigada de Explosivos.
Ahora quiero hacer una reflexión, tras los hechos desgraciados ocurridos en CABA el martes pasado, Día del Bombero Voluntario y que costara la vida de dos abnegados servidores públicos y heridas graves a otros varios. Cuántos de nuestros vecinos no conocen la historia que en pocas líneas he intentado relatar y que pintan de cuerpo entero, la valentía del muchacho de barrio que entregó su vida para ayudar a que nosotros conservemos las nuestras. Qué saben los habitantes de nuestra ciudad, de ese pequeño recuerdo plasmado en los canteros de Avenida 29 entre 4 y 6, frente a la casa que fuera el hogar de Roque Russo.
Acaso los verdaderos héroes tienen fijado el olvido como prenda propia de nuestra ingratitud e ignorancia. También el intendente Gioscio, antes, dispuso imponer su nombre a la calle de tierra que pasa frente a la quinta de la familia Russo, en la zona del Acceso Sur.
En su día, dos bomberos de la ciudad (CABA) murieron en generosa entrega y la sociedad los llora. En Mercedes tenemos la sana obligación de rendirle todo nuestro homenaje de agradecimiento a Juan Roque Russo y creo que lo peor de una sociedad, es el olvido de sus héroes. Como amigo y camarada lo recuerdo y valoro cada vez más…porque siento que no ha sido bien recompensado, cuando deberíamos al menos, envidiar su valentía…
Los que cantan lindo, juegan bien a la pelota o actúan formidable, son solamente estrellas, los héroes no ganan plata por lo que hacen, entregan sus vidas en silencio…






