Una guerra gris y un regreso en colores

El recuerdo del regreso nos llevó a seguir escuchando relatos, historias de vida de los ex combatientes. Un café de por medio para conversar con Fabián Solimandi, un soldado que estuvo en su trinchera con mucho optimismo, pensando siempre en que el día del regreso era inexorable. Compartió aquellos días de guerra con otros compañeros como Gustavo Mustoni y Claudio Rodríguez de Mercedes, también con Marcelo Marano, un muchacho de Luján que ahora vive en San Andrés de Giles. Cuando habla de Malvinas sus imágenes se tornan grises. Son diapositivas de un lugar inhóspito, agreste, frío y sin vida según lo describe. Aquel regreso de Campo de Mayo a Mercedes le permitió volver a encontrarse con los colores, “seguramente también estaban en Malvinas, pero fue como que volví a verlos acá… regresar fue como volver a ese pasado que teníamos, esa vida que tiene cualquier pibe que terminaba la secundaria… porque nosotros fuimos de la escuela al servicio militar y ahí a la guerra”, relata. Tras la rendición y cuando todo indicaba que iban a dejar las islas, Fabián sufrió un golpe realizando tareas de limpieza que le ordenaban los británicos y fue llevado a enfermería. Había sido una lesión en su brazo sin mayores consecuencias, pero lo habían separado del grupo de compañeros. Por un momento pensó que esa situación lo iba a privar de regresar. Sin embargo esto no sucedió. También abordó el buque hospital donde prestó colaboración para la Cruz Roja Internacional atendiendo heridos que había dejado el enfrentamiento. El periplo hasta el continente fue largo, hasta que un 20 de junio, un día del padre, pudieron llegar a Campo de Mayo donde les cambiaron su vestimenta por ropa nueva y los alimentaron para mejorar la deteriorada imagen que tenían, “una dieta de engorde…”, dice. Tal vez había planes de estar más tiempo en aquel lugar por parte de los mandos militares, pero la cantidad de gente que circundaba la zona apuró los tiempos y en dos días subieron a los colectivos que los trasladaron a esta ciudad. “Mi sentimiento era que había una sensación encontrada, porque nosotros fuimos los que pudimos volver, volver a la vida… pero una sensación triste por los familiares o amigos de los compañeros que no regresaron”, señala. Solimandi vuelve el tiempo atrás y repasa aquellos momentos de reencuentro con sus padres, sus primos, sus amigos del barrio o del club, “eso que en algún momento te lo habían sacado, la vida te lo estaba devolviendo”, comenta.

Consideró que la posguerra fue muy dura, “porque si bien la guerra fue algo terrible, fue un periodo más corto, fíjate que hace cuarenta años que venimos luchando para conquistar derechos…”, afirma en la charla con Protagonistas.  Al igual que otros veteranos no pasa por alto que reinsertarse en el mundo laboral era algo difícil por su condición de ex combatiente, “por más que estuvieras preparado o capacitado, cuando decías que eras veterano de guerra te bajaban el pulgar”, mencionó. El tiempo ha transcurrido y ha dejado cicatrices o preguntas que nadie les ha respondido. Una de ellas es que quince días después que había llegado a Mercedes, llevaron a su casa una bolsa con cartas que sus padres y sus amigos le habían escrito cuando estaba en la guerra… “no me dieron mayores explicaciones, tampoco había demasiado margen para preguntar”, recuerda. Fabián entiende que los veteranos están para mantener encendida la llama de Malvinas, especialmente por quienes quedaron allí en custodia de las islas, “por ello nosotros tenemos la obligación de mantener siempre encendida esa llama”, destaca en la previa del 40 aniversario de aquel histórico regreso.

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