El abrazo que impidió un alambrado en Campo de Mayo

Raúl Pavoni fue otro de los mercedinos, de los pibes mercedinos, que fueron a “defender la soberanía” a Malvinas. Tenía 19 años y cumplió sus 20 en territorio austral. Siempre ha tenido y manifestado una visión crítica sobre la guerra, esencialmente porque los mandos militares no habían tenido un trato cordial con los conscriptos. No lo hicieron en el conflicto con muchos de ellos y para el caso de Raúl se prolongó hasta en el regreso al continente. De aquel ingreso a Mercedes que se produjo ese 22 de junio de 1982 tiene un recuerdo difuso, “no tengo el recuerdo de haber visto a alguien en particular… solo me acuerdo que llegamos al Regimiento y nos dieron la ropa de civil que no sé dónde la tenían”, nos comenta. De ese día solo tiene presente que una de sus tías cumplía años y en esa reunión familiar siempre había una taza de chocolate caliente, “creo que solo recuerdo que pude volver a tomar chocolate y comer bien ese día”, señala. Como muchos de los ex combatientes, partió desde las islas en el buque Hospital Bahía Paraíso, llegaron a Punta Quilla, de allí a Río Gallegos y luego un avión los trasladó a Palomar para hacer base unos días en Campo de Mayo. “Nos tuvieron dos o tres días, nos dieron ropa nueva, nos pusimos más o menos al día, nos dieron de comer y nos afeitamos”, destaca. Pero sus padres ya sabían que Raúl estaba allí y no aguardaron el regreso a Mercedes sino que se acercaron a aquel destacamento militar para comprobar que su hijo estaba bien. No tenían automóvil, pero su tío Guillermo que era camionero junto a su madrina Susana, lograron llevar a sus papás hasta Campo de Mayo donde pudieron verlo a la distancia. “Me gritaban que caminara para que ellos pudieran darse cuenta que estaba bien, yo los veía a unos 60 o 70 metros detrás de un alambrado, pero los milicos nunca me dejaron acercar para hablar con ellos, para poder abrazarlos”, recordó a Protagonistas.

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