Cada ex combatiente de Malvinas tiene su propia historia en relación a lo vivido en aquel 1982. Gustavo Daniel Fernández no tiene dudas en manifestar que los recuerdos del regreso a Mercedes siguen muy vivos en su interior. “Te diría que lo recuerdo como si fuera ayer, salir de Campo de Mayo… yo venía en el último colectivo, en el último asiento del lado de la ventanilla de la izquierda. Y era, cuando pasamos por Luján, al costado de la ruta había un montón de gente, muchos decían miren lo que es Luján, y cuando llegamos a Mercedes, en el viejo cruce de la Ruta 5 y la 41, desde esa altura para acá, era un mundo de gente, chicos de escuelas, la ciudad entera prácticamente tirada en los costados para la recepción. Y yo buscando, a ver si veía a mis padres, a mi hermano y a mi actual esposa, que en ese momento ya era mi novia. Y al primero que veo, pocos metros antes de entrar al regimiento, es a mi hermano, que lo abracé, lo levanto y lo llevaba colgando a la altura de la rueda del colectivo. Bajaron la barrera detrás de nosotros, entramos al Regimiento en medio de una locura”.

Gustavo recuerda que muchos padres de los soldados de aquel entonces sabían que volvían, pero no quienes. Aún no se sabía nada ni de heridos ni de muertos, “aparte venimos en dos contingentes, yo vine en el primero. Regresamos de Malvinas en el Buque Hospital Bahía Paraíso. Nos llevaron a Campo de Mayo y luego por presión de nuestros padres nos trajeron antes”.

Tras salir de la compañía a donde los llevaron durante unos minutos, salió junto a sus compañeros a la plaza de armas, donde se encuentra con tres amigos, en un hecho que quedó impregnado en una fotografía que hoy ocupa un lugar en el living de su casa. En la imagen se encuentran Adalberto Duran, Carlos Pérez y Jorge Pérez. “Amigos del barrio” cuenta Gustavo. “Fue realmente emocionante porque nosotros veníamos pensando que el haber perdido la guerra daba dudas al recibimiento que íbamos a tener, y la verdad que fue una recepción hermosa…”, sostuvo con emoción.

Para Gustavo Fernández no hay dudas en que “Malvinas te queda grabada a fuego… Malvinas siempre está”. Su participación en la guerra lo tuvo tras una reincorporación a la fuerza, ya que había cumplido con el servicio militar. “Nosotros llegamos a Malvinas el 13 de abril. En realidad cuando nos íbamos de acá, supuestamente íbamos a reemplazar un regimiento de Río Gallegos, que iba a ser trasladado Malvinas. Sin embargo llegamos a la pista, nos cambiamos de avión y a Malvinas… nosotros no entramos en combate, pero estuvimos en la zona más castigada por los bombardeos, a partir del 1 de mayo era todos los días alerta roja por bombardeos de aviones y alerta gris por bombardeo de barcos. Era infernal.” contó.

Más adelante, al referirse a lo que significó Malvinas y si hubo cambios en su forma de pensar sobre todo lo que ocurrió sostuvo que “cambió todo, porque son cosas que te marcan para el resto de tu vida. Siempre una de las cosas, al margen de lo que es la gesta y todo lo que se pueda hablar de heroísmo, de lo que te tocó y lo que no te tocó, es que no sos dueño de tu vida. Un borracho, un loco, un día se despertó, declaró una guerra y decide sobre lo tuyo, te ponen un fúsil, no te preguntan si querés o no querés, tenés que ir…”.

Como muchos ex combatientes, Gustavo cuenta que al ser llevados a Campo de Mayo tras llegar de Malvinas comenzaron a darles de comer durante dos días. “En realidad ya en el barco nos dieron junto con la comida unas pastillas que no sé bien para qué eran, imagino que eran vitaminas para que no estuviéramos tan demacrados. Recuerdo que dentro de la cuadra nos decían que no contáramos a nuestros familiares lo que había ocurrido”.

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