Ángel Manuel Fernández, “Yayi” o el “Indio”. Un veterano de Malvinas que sufrió los inconvenientes de la posguerra para insertarse en el mundo del trabajo. “Iba todo lindo hasta que decías que habías estado en Malvinas”, nos cuenta en su casa en Agote. Le dijeron que tenía oído frágil.

Ángel Manuel Fernández fue otro ex combatiente de Malvinas con historia propia. “Yayi”, como se lo conoce aquí en Mercedes era el “Indio” en territorio malvinense. Fue protagonista de la cruenta batalla en el monte Dos Hermanas cuando las tropas británicas avanzaban hacia Puerto Argentino. Allí estaba a cargo de uno de los morteros junto a otro grupo de soldados y un suboficial mendocino. La guerra le dejó sus huellas y por esas cosas del destino hoy vive en pareja con Ana María Sisterna, una salteña que conoció en un encuentro de motos aquí en Mercedes. Ana María es de Oran y su hermano, Jorge Luis, fue uno de los caídos en las islas. Los registros periodísticos de la época nos dejan señales de esos tiempos. Un diario local, El Oeste, publicaba allá por el segundo semestre de 1982, una carta que había llegado a la redacción de un joven que había peleado en Malvinas pero que no conseguía trabajo. Decía en ese escrito que en el Ejercito era Apto A y en el hospital los controles no reportaban problema de salud alguno. Pero cuando quería entrar a una fábrica o intentar obtener un trabajo estable, su pasado malvinense lo condenaba a seguir viviendo de changas. Protagonistas entrevistó a “Yayi” Fernández, quien actualmente vive en Agote. Allí nos recibió, sentado junto a la salamandra que calienta el ambiente en una fría jornada. Espera a su compañera que ha salido a hacer compras y a participar de una reunión de la sociedad de fomento. Se muestran apegados… El mate no sale al ruedo si no están los dos. Se respira tranquilidad… charlas en voz baja, como si se adaptaran al sonido que rodea el lugar al que solo podrá alterarlo el ladrido de alguno de sus perros o alguna palabra que repite un loro que tiene en el jaulón que está frente a la entrada principal. “Yayi” tiene muchas anécdotas. Es futbolero y bien “cuervo”. San Lorenzo está presente en algunos calcos que se detectan con solo levantar la vista. Habla pausado y da imagen de un hombre al que la vida lo ha hecho fuerte, pero en distintos pasajes de este encuentro sus ojos dicen lo contrario.
Oído frágil

“Un ex combatiente en Las Malvinas quiere trabajar”. Era el título de la nota que publicaba El Oeste. “Yayi” se acuerda de esa carta, aunque no tenía el recorte que alguna vez había guardado. “Tendría 19 años y no salía nada, decían que los ex combatientes teníamos prioridad… Recuerdo que mi mamá tenía 6 o 7 trabajos para mantenernos, yo vivía de changas”, relata. Cuando decidió salir a buscar algo estable se encontró con algunas de las secuelas que dejó la guerra en la sociedad. “Iba todo lindo, pero cuando decíamos que habíamos estado en Malvinas nunca más te llamaban… No podía conseguir trabajo efectivo. En el correo entraron muchos y a mí nunca me llamaron, después de 20 años me convocaron pero yo ya me estaba por jubilar”, cuenta la anécdota que lo hace sonreír. “No me acuerdo quién me dijo que haga una nota y la lleve al diario, porque se me hacía difícil conseguir el trabajo que buscaba. ¿Si la nota tuvo alguna repercusión? No… No me llamó nadie”, comentó. Su primer trabajo efectivo fue en el ferrocarril donde estuvo dos o tres años, pero luego buscó mejorar sus ingresos y estuvo en la Policía Bonaerense hasta su jubilación. Actualmente tiene un pasar económico sin sobresaltos, pero no olvida aquellos días donde todo era cuesta arriba. “¿Que me decían para no darme el trabajo? Que era de oído frágil. Por ejemplo en la Ducilo iba todo lindo, pero me dijeron eso del oído… me salieron con que no iba a aguantar el ruido de las máquinas… nada que ver. Nunca tuve problemas con los ruidos… la bronca mía era que no me hacía mal haber ido a la guerra pero sí me iba a hacer mal el ruido de las máquinas. Me hacía chequeos en el hospital y estaba todo bien, consulté especialista en oído y nunca me encontraron nada”, recuerda. Asegura Fernández que no fueron pocos los ex combatientes que debieron soportar esas trabas, “a uno le encontraban una cosa, a otro otra, cuando decías que habías estado en Malvinas te encontraban un pero… no sé, pensarían que nos habíamos vueltos locos”, comenta. Sus recuerdos están intactos. La foto que le mostramos había salido hacía muchos años en El Heraldo del Oeste, un periódico de Luján. Recuerda que fue sacada en el puente de aquella ciudad. “Cuando volvimos estábamos en Campo de Mayo y nos decían que nos iban a revisar, pasabas por un escritorio había un suboficial y te preguntaban si tenías algo ¿y vos que le ibas a decir?… todos queríamos venir a ver a nuestras familias… decías no tengo nada y firmabas para irte”, agrega. En el Regimiento lo esperaba su madre, pero en la multitud pudo ver que también estaba su padre con quien no tenía diálogo tras haberse separado de su mamá… “estaba mi finado padre con la bicicleta en la mano en la 17… lo vi que me estaba esperando”, dice ordenando esos recuerdos. La charla sigue… ya llevamos casi cuatro horas al lado de la salamandra entre mates y cigarrillos. Fernández hace una pausa y dice, “a Malvinas no quiero ir… muchos han ido, pero yo no quiero entrar con un pasaporte por el medio de Chile, quiero entrar como argentino… si tengo vida y se puede viajar desde acá voy a ser uno de los primeros en ir… no estoy en contra de los que van, pero yo así no…no sé si algún día tendré la suerte de ir”. Sociable por naturaleza, antes de irnos nos pide que regresemos… a compartir un asado o unas empanadas salteñas que prepara Ana María. Volver es un compromiso con alguien que abre las puertas de su casa y su corazón para permitirnos entrar en su intimidad.










